De su poemario "sin frío en las manos"
publicado en el libro No hay camino al paraíso (ed. Ya lo dijo Casimiro Parker)
junto a José Ángel Barrueco
publicado en el libro No hay camino al paraíso (ed. Ya lo dijo Casimiro Parker)
junto a José Ángel Barrueco
Mi madre la había llevado
a hacer la compra con ella.
Era cerca de casa,
pero como no caminaba bien
se habían llevado el coche.
A la salida de la tienda,
mi abuela,
llevaba una bolsa en cada mano.
Y a los pocos metros,
la mala suerte,
un baldosín mal colocado
la hizo tropezar
y caer al suelo
dando directamente
con la cara.
Mi madre,
que caminaba a su lado,
creyó que se mataba
cuando vio el reguero de sangre
avanzando por el suelo.
Pero por suerte,
cuando la levantaron,
simplemente estaba conmocionada
aunque,
eso sí,
sangraba por la nariz
y tuvo media cara morada.
Aunque realmente
lo curioso de toda la historia,
es que a pesar de la caída,
al ponerla en pie,
mi abuela
seguía llevando
las bolsas agarradas
de las manos.