lunes, 7 de marzo de 2011

BOLSAS, de Javier Das

De su poemario "sin frío en las manos"
publicado en el libro No hay camino al paraíso (ed. Ya lo dijo Casimiro Parker)
junto a José Ángel Barrueco

Mi madre la había llevado
a hacer la compra con ella.
Era cerca de casa,
pero como no caminaba bien
se habían llevado el coche.
A la salida de la tienda,
mi abuela,
llevaba una bolsa en cada mano.
Y a los pocos metros,
la mala suerte,
un baldosín mal colocado
la hizo tropezar
y caer al suelo
dando directamente
con la cara.

Mi madre,
que caminaba a su lado,
creyó que se mataba
cuando vio el reguero de sangre
avanzando por el suelo.

Pero por suerte,
cuando la levantaron,
simplemente estaba conmocionada
aunque,
eso sí,
sangraba por la nariz
y tuvo media cara morada.

Aunque realmente
lo curioso de toda la historia,
es que a pesar de la caída,
al ponerla en pie,
mi abuela
seguía llevando
las bolsas agarradas
de las manos.