domingo, 26 de diciembre de 2010

Vete preparándote, porque tú eres el siguiente

La de arriba es una frase que me acompaña desde la infancia. La decía siempre mi padre cuando nos sometían al aseo que uno tanto detesta de niño (limpieza de oídos, inmersión en la bañera, recorte de uñas), y a medida que íbamos creciendo nos la decía una y otra vez: siempre que nos tocaba afrontar una prueba. “Vete preparándote, porque tú eres el siguiente”. Desde niño, uno ya sabe entonces que debe ir asumiendo ciertos retos. Empieza con pequeñas pruebas, que en su momento son o nos parecen muy importantes: los exámenes, el carnet de conducir, las aptitudes físicas… Con el tiempo, vamos escalando niveles de dificultad: la universidad, el examen oral, la primera entrevista de trabajo, los análisis del médico… Y siempre, cuando yo esperaba mi turno para afrontar un examen, una oportunidad laboral, un control de salud, una intervención quirúrgica, tenía en mente esa frase: “Vete preparándote, porque tú eres el siguiente”. Y, al repetirme esas palabras por dentro, notaba cierto miedo: el tiempo entre que sabes que eres el siguiente, que ya te toca, y que empiezas a pelear, es el peor, es el tiempo de incertidumbre. En el último año esa frase ha sonado a menudo en mi cabeza porque sabía que podría ser el siguiente en perder a otro ser querido, al más importante en la vida del hombre: la madre. Y he tratado de prepararme. Como, desde hace muchos años, trato de prepararme para la muerte. Hace una semana me dijo Tomás Sánchez Santiago (poeta, escritor, amigo y una especie de hermano mayor): “Esperar el golpe no lo alivia”. Es verdad. Uno va asumiendo sus derrotas y su condición de mortal, de algo efímero y perecedero. Creo que ahora estoy más preparado para cuando llegue el golpe final. Sólo tendré que apretar los dientes y permitir que fluya: al fin y al cabo, atravesar el umbral es sólo un puto trámite.

José Angel Barrueco