domingo, 19 de diciembre de 2010

Una necesidad

En los últimos meses he ido poco al cine y eso acentúa mi mal humor y, algunas tardes, me sacude como una especie de tristeza. Yo vengo de una época, de una ciudad y de un lugar en los que, de niño y de adolescente, consideraba un día perdido por completo aquel en el que no conseguía ver una película. Por eso, los fines de semana me daba auténticos atracones: para recuperar el tiempo perdido. Mi récord fueron siete películas en un sábado, si no recuerdo mal. Una antes de la matinal, en el vídeo de mis abuelos; otra durante la matinal; otra de nuevo, en el vídeo, durante y después de comer; y luego las tres sesiones habituales de tarde; y, finalmente, una peli en sesión de madrugada, pues en mi ciudad había sesiones de madrugada. Tal vez por esa razón ahora utilizo gafas de miope en casa y lentillas en la calle. Intento ir al cine, pero no hay manera: las comedias y las de terror las han relegado a los cines de la periferia y al doblaje, que suele ser infame; luego hay otras superproducciones a las que la crítica ataca y, muchas veces, desisto de ir (antes no hacía caso a la crítica y ahora tengo que andarme con tiento porque la entrada de cine está muy cara); luego miro por internet las salas donde ponen tal o cual película y muchas de esas salas son jodidas cajas de zapatos, poco más grandes que mi salón, y para eso prefiero quedarme en mi salón, aunque sea pequeño. Y luego están los espectadores que molestan. Aunque vaya en sesión de tarde de un sábado o en sesión de noche de un miércoles o en la matinal del domingo, a pesar del escaso público siempre hay uno o dos fulanos que se me ponen detrás y se dedican a charlar y a comer palomitas y a estrujar bolsas, y entonces se me quitan las ganas de volver. Las navidades no son, desde luego, la mejor época: demasiado dibujo animado, demasiada superproducción banal. Miras la cartelera y se te cae el alma. Y yo necesito el cine, casi tanto como la lectura diaria. Para mí es una necesidad, no un pasatiempo.

José Angel Barrueco