jueves, 30 de diciembre de 2010

UN VERSO DE PAPEL, POR FAVOR

Diciembre del 2008. Mientras todo el mundo hacía sus compras de navidad nosotros marchábamos con una maleta llena de libros hacia Malasaña. Ese fue nuestro origen, y sigue representando nuestro recorrido durante estos, casi, dos años que llevamos publicando libros de poesía. Un camino lleno de luces plagado de gente y nosotros nadando a contracorriente, por el lado oscuro de la calle.
By Marcus Versus

Montar una editorial de poesía era algo que llevaba rondando mi cabeza durante algún tiempo, más por necesidad que por vocación (pero esto es algo que explicaré más tarde), pero no fue hasta que me puse a maquetar el libro Canción de cuna para un héroe, de Óscar Aguado, cuando tuve el compromiso de sacar a la calle libros excepcionales. Este compromiso es más una idea revolucionaria que una visión empresarial, una lucha de vivir por aquello en lo que crees, de sentir lo que piensas.

Publicar un libro es fácil, al menos eso me parece a mí, y conseguir un poeta que quiera editar es mucho más sencillo pues solo hace falta levantar una piedra para que se dispongan un buen puñado de poetas con hambre de ver su nombre en la portada de un libro. Aunque debo confesar que todo esto se ponía a mi favor gracias al trabajo con el que me gano la vida (diseño y comunicación) y los amigos con los que compartía vida desde hace algún tiempo (todos ellos con la etiqueta de poetas).

Al principio bastaba con quererlo, después me di cuenta que tenía que desearlo y ahora he añadido una gran cantidad de reto personal por seguir avanzando y mejorando.

Yo estoy aquí dando la cara por la editorial porque la gente necesita (o mejor dicho, necesitamos) poner cara y nombre (herencia del imperialismo americano) para poder cortar cabezas si fuera necesario, o colgar medallas si los medios de comunicación nos dicen que lo merece; pero en esos días de Diciembre en los que había que recorrerse las calles de Madrid con una maleta de libros no era yo el que lo hacía, sino mi compañera Isabel. Ella transmite una paz, seguridad y orden que yo no podría hacerlo ni en mis mejores momentos. Tuvo que recorrerse todas y cada una de las librerías que llevaba señalados en diferentes planos de Madrid, separados por barrios. Bajo la lluvia. Sobre el frío. Contando una y otra vez nuestro proyecto. Viendo como nos cerraban algunas puertas. Viendo como nos sonreían detrás de otras y nos ofrecían café caliente.

En todo este tiempo, estos casi dos años, hemos conocido a mucha gente: poetas y “poetas”, editores, promotores culturales, lectores, estudiantes, viejas glorias en el mundo de la literatura, periodistas, premiados, novelistas e, incluso, cuerdos de atar. Sin embargo, y lo digo a nivel personal, creo que las conversaciones más agradables que he mantenido es con los libreros (algo bueno tenía que tener la romántica decisión de no tener distribuidor). Los libreros son esa gente que está en medio de todo y nadie sabe si son buenos o malos. Pues bien, yo voy a mostrarme, públicamente, fan de esos libreros que aman la literatura y los libros, esos libreros de toda la vida que están cansados de las distribuidoras y de estructuras piramidales, cuya mayor satisfacción es que sus clientes se lleven buenos libros y vuelvan a por nuevas recomendaciones. Necesitamos más libreros de toda la vida y menos debate con el dichoso libro electrónico.

En fin, que se publicaron nuestros dos primeros libros y ya se podían comprar en algunas librerías de Madrid, pero nosotros no concebíamos una editorial cuyos límites llegaran al alcance de nuestros ojos, por lo que empezamos a promover a nuestros poetas por diferentes puntos de España. Nuestra primera parada fue Barcelona, con un éxito rotundo de ausencia de público. Nos dimos cuenta que teníamos por delante un duro trabajo, pero gracias a nuestros autores el camino que debíamos recorrer sería mucho más sencillo y divertido. Luego vinieron Zaragoza, Valencia, Punta Umbría (Edita 2009)… y se empezaron a unir nuevos autores que trajeron savia fresca al proyecto.

Esta editorial no sería nada sin los autores, y esta afirmación parece una tontería pero no lo es. Por supuesto que no seríamos nada editando libros con las páginas en blanco, pero me refiero a que nunca habríamos alcanzado nada sin el compromiso que siempre han tenido con nosotros y con nuestra forma de entender la poesía. Siempre han estado allí donde les hemos necesitado. A menudo digo que trabajar con los poetas es algo complicado, y puede que sea verdad, pero a nosotros siempre nos lo han puesto muy fácil, y hemos trabajado codo con codo, dejando los egos aparcados en la cuneta y con un mono de trabajo para recorrer todo el camino que nos queda por recorrer.

Y andando, pasito a pasito, conseguimos pequeñas cosas, pequeños logros que no dejan de ser grandes para personas como nosotros. Grandes éxitos que no hacen que nos olvidemos de lo que hacemos y por qué lo hacemos, éramos nosotros los que empujábamos esa maleta llena de libros bajo el frío de esas navidades, y seremos nosotros quien los siga empujando.

Ya sé que no he dicho, todavía, el nombre de la editorial, lo sé, pero es que esta historia puede ser la historia de muchas editoriales independientes que luchan por defender sus ideales.

Todavía tengo pendiente decir por qué Ya lo dijo Casimiro Parker fue una necesidad y no una vocación. Yo estaba al otro lado, el lado del autor, el lado del lector. Y es que nunca he estado contento con las editoriales de poesía de este país, y esto lo sigo diciendo aunque, ahora, tenga grandes amigos dirigiendo editoriales de poesía. Tenía bien claro cuales eran sus errores y sabía como solucionarlos; muchos de esos errores los he solucionado, eso sí, han aparecido en nuestra editorial otros nuevos. Y en ello trabajamos ahora, para hacerlo un poquito mejor. Porque nuestros lectores, y cualquier lector, se lo merece.

Y para terminar, hagamos política: SAVE POETRY.


[PUBLICADO EN CUADERNOS HISPANOAMERICANOS]