domingo, 5 de diciembre de 2010

quita y pon

Se dan a veces ciertas circunstancias en el comportamiento del personal en Facebook que te llevan a concluir (de nuevo) que mucha gente es gilipollas. Desde que empecé en esta red social me he llevado muchas sorpresas: tipos y tipas que antaño me habían dado con la puerta en las narices me pedían “amistad” (la “amistad” en Facebook debemos entrecomillarla, pues no siempre obedece a la realidad), gente con la que había tenido un desencuentro también me pedía que la añadiera, etcétera. El caso más chocante, sin embargo, es el de esos individuos que “quieren ser mis amigos” para, un tiempo después, y según les convenga o les apetezca o se les antoje, eliminarme de su “red de amigos”. La cosa sería lógica si acabara ahí, pero es que luego algunas de esas personas te vuelven a pedir “amistad” otra vez y, poco después, vaya usted a saber por qué (sus razones tendrán, imagino), te vuelven a eliminar. Como si esto fuera un juego, el juego del escondite, el juego de ahora te pillo y ahora me escapo, el juego de los caprichitos. Sé que en un par de casos fue culpa de quienes inhabilitan las cuentas, del spam o de los hackers, que obligan a quien tiene un perfil a eliminar a todos sus colegas y empezar de cero, lo cual sé que es un coñazo para ellos, como siempre lo ha sido partir de cero. En otros casos no ha sido así: compruebas que han jugado contigo, que te piden y te quitan “amistad” según les parezca, y tú, para compensar sus caprichitos, quitas sus blogs de tu menú de links porque, si alguien te desprecia, se supone que no quiere, tampoco, estar en tu casa (el blog es una casa, ya lo dije el otro día), y entonces esa peña se rebota y monta un cirio, y te hace pasar por el malo de la película. Con ambas actitudes, la de rebotarse tanto y la de jugar a añadirte y luego eliminarte, sólo demuestran una cosa: inmadurez.

José Angel Barrueco