jueves, 25 de noviembre de 2010

Roman Piña dice dice de la presentación de Irene la Sen en Mallorca

El prologuista y presentador de su primer libro, Jorge Espina, lo dijo más claro agua: “Irene ganó el primer Slam Poético de Palma y los comentarios fueron inevitables: es más guapa y escribe mejor que nosotros”. Ayer en La Biblioteca de Babel presentó su libro-dico “Cal” (con música de Xarro de las Calaveras). Y recitó. También recita mejor que nosotros. Es una poeta que no lee. Se sabe los versos y los lanza con estilo propio al público. Comunica. Es buena (ella) y son buenos (los versos). Tienen dureza y chispa.

Irene del Valle la Sen llegó a la portada de La Bolsa de Pipas nº 74 en julio de 2009. Se publicó su poema “He visto al romero desechar su olor/ y perfumar su talle con Chanel…” Ayer la conocí en persona y me llevé una sorpresa. La foto de aquella portada mostraba a una Irene con el pelo recogido y seria. Con el pelo suelto, contenta, excitada en la presentación de su primer libro (editado en Madrid por “Ya lo dijo Casimiro Parker”), como estaba ayer, es otra persona. Se quita diez años y resulta aún más guapa. Algo complicado.

Es un bellezón, seamos justos. Entonces debemos destacarlo, porque la poesía necesita embajadores seductores. Y la belleza también necesita embajadores con seso. Es urgente darle bombo a la realidad, tan escamoteada por los medios, de que ser hermoso no es una condena. Por ser hermosa una mujer no está condenada a ser un objeto de placer, un florero, una secretaria sumisa, una actriz mediocre ni modelo de ropa interior o de anuncios políticos con gestos de orgasmo, que ya da igual.

Se puede tener belleza sublime y apostar por el coco y por el arte. Se debe, diría yo. Irene recita, grita, reza poemas tremendos, y os dejo un cacho de éste, una foto de su álbum hecho de palabras:

“Que yo era la mujer perfecta
hasta que llegaste tú
y empecé a depilarme.

Y ahora no sé quién soy.
Soy 100 cosas a la vez
y no soy la única
lo sé de buena tinta
y otra vez
perdone que le insista
pero ¿cómo se define usted?

Yo, soy definición errónea
la pulcritud gastada,
la que humillas, la respuesta,
yo soy la ceniza y el algodón,
soy el morbo de los prejuicios y su repulsión, soy silbidos en las tabernas bailo y te enseño las piernas y me parto en dos cada vez que miras mis cicatrices…”