domingo, 17 de octubre de 2010

Peinarse como un hombre

Tal vez parezca una chorrada lo que voy a contarte. En mi descargo puedo decir que todos hemos tenido mitos, ídolos y manías. Estábamos a finales de los 80 (los que nacimos a principios de los 70 siempre andamos mareando con los 80 porque en esa década forjamos nuestra adolescencia) y se estrenó “Wall Street”, la de Oliver Stone. Michael Douglas y Martin Sheen se comían al resto del reparto. Douglas ganó el Oscar por su trabajo. Mi escena favorita transcurría en los vestuarios de un gimnasio. Douglas y Charlie Sheen acaban de practicar deporte y se están vistiendo tras la ducha. Mientras tanto, conversan. Entonces Gordon Gekko (Douglas), despeinado y fuera de su entorno habitual (hasta ahora sólo lo habíamos visto luciendo peinados impecables, trajes carísimos y zapatos limpios como el cielo), coge un peine y se peina el pelo hacia atrás. Igual que solían llevarlo los ejecutivos de antaño y los tiburones de Wall Street: peinado al agua, pegado al cráneo, aplastado. También lo llevaban así los fascistas. En mi casa, tras la ducha, fascinado desde entonces por esa secuencia (revísenla: Gekko se peina sin dejar de proferir consejos, igual que si fuera un acto tan involuntario como rascarse la nuca), procuraba peinarme a lo Gordon Gekko. Pasaba el peine por el lado izquierdo del cráneo y, al quitarlo, mi cabellera rebelde caía de nuevo sobre la frente. Cuando llegaba al lado derecho, sucedía el mismo fenómeno. ¡Menuda mierda!, pensaba yo. Jamás lo conseguí. Pasó el tiempo, etcétera. Y hace unos días volví a ver “Wall Street” y, cuando llegamos a esa escena, recordé mis 16 y mis 17 años y mis esfuerzos inútiles por peinarme como Gekko. Es decir: peinarse como se peina el hombre que sale de la ducha, aunque luego se haga raya al medio. Viendo la escena lo advertí: yo ahora me peino así al salir de la ducha, mi cabello ya no cae hacia la frente, se mantiene hacia atrás, me he hecho mayor. No sé por qué tenía prisa a los 16. Me he convertido en un hombre. Y, ¿sabes? No mola tanto como creí. Al final es sólo una cuestión de entradas.

José Angel Barrueco