domingo, 3 de octubre de 2010

La misma dosis de violencia

Termino de ver “Mad Max 2. El guerrero de la carretera”, por enésima vez. Es viernes noche y por las ventanas del balcón se filtra una luz intermitente. Al principio creo que es el camión de la basura. Luego, cuando me levanto a sacar el dvd del reproductor, compruebo que las luces continúan su danza, envolviendo los edificios y el balcón de
una atmósfera de película urbana de criminales. Salgo al balcón y compruebo que, al final de la calle, hay una camioneta del Samur. Y coches de policía. Alrededor pululan miembros del Samur y agentes jóvenes y en actitud alerta. Un corrillo de personas mira hacia un punto ciego; quiero decir que, desde mi perspectiva, no lo veo, me lo
oculta la esquina. Algo pasa allí. Al rato, dos policías llegan con un negro con gorro blanco, las manos esposadas a la espalda. Parece que le piden explicaciones. Parece que las da. Lo conducen hacia uno de los coches patrulla y lo meten en la parte trasera del vehículo. Todo esto dura mucho. Hace frío y al final reculo y vuelvo al calor del
piso. Las aceras llenas de gente, de curiosos. Al día siguiente me contarán que fue una pendencia, tal vez con navajas de por medio pues uno de los tipos tenía la camiseta empapada de sangre. En Lavapiés suele suceder: hay la misma dosis de violencia en la pantalla de tu televisión que en las calles que te rodean. Horas antes de esa reyerta,
cuyos posos vislumbro desde la ventana, dos policías buscaron droga escondida justo debajo del balcón, en las inmediaciones del portal. Es raro. Es raro que siempre haya acción a ambos lados: en la ficción y en la realidad. Me toca tener un ojo en cada una.

José Angel Barrueco