domingo, 24 de octubre de 2010

En Austria y Alemania

En Austria y Alemania he visto a señoras de pelo blanco y mil arrugas pedirse jarras de cerveza de un litro, jarras que pesan una tonelada y que ellas levantan (igual que las camareras “ helgas” ) con un solo brazo, para llevarse a la boca y beber. Allí he probado el delicioso strudle de manzana, que en algunos restaurantes sirven con un poco de nata al lado, exactamente como en “ Malditos bastardos” , y ahora entiendo mejor esa escena en la que Quentin Tarantino homenajea este pastel haciendo que Hans Landa hable de él y lo deguste y la cámara se entretenga mostrando varios planos del postre en cuestión. Allí he visto algunos de los rincones que aparecen en la película “ Antes de amanecer” , y me han entrado ganas de verla de nuevo, y de ver “ Amadeus” , aunque Salzburgo ostenta una obsesión enfermiza con Mozart: los cafés y bares y teatros y restaurantes llevan alguno de sus nombres, y las tiendas abundan en cientos de objetos con su imagen, desde las tazas hasta las jarras, pasando por las cucharas, los llaveros, las libretas, los carteles, las reproducciones de cuadros, los bombones, las camisetas, los lápices… hasta el punto de resultar un poco infame esa explotación de un hombre al que tuvieron que enterrar en una “ tumba comunitaria simple” (Wikipedia dixit) porque no tenía dinero para pagarse un buen entierro. Allí he sabido que no comen tan mal como estipula el tópico, sólo que los platos son gigantes y ricos en grasas para combatir el frío extremo, y he disfrutado con las salchichas, el escalope, la col, el gulash o el puré de patatas. Allí he visto a un pianista callejero, capaz de acarrear su piano hasta unos soportales y tocar una melodía, refugiándose así de la lluvia que a nosotros nos empapaba. He visto a una mujer empujando un carrito de colorines en el que dentro iban siete niños, como si fueran Los Siete Enanitos. He visto a chinos que lo fotografiaban todo: el codillo asado, las flores, las máquinas expendedoras de billetes de metro… Y he comprobado algo que ya sospechaba: Viena es una de las ciudades más románticas de Europa, a la altura de Praga o París. Un sitio ideal para vivir. Pero sólo junto a ti.

José Angel Barrueco