domingo, 19 de septiembre de 2010

Sin remedio

No me considero un tipo violento. Sin embargo, ¿quién no ha deseado partirle la cara a un bocazas? Ese impulso (un impulso agresivo, violento, nacido de la cólera) me acometió hace dos semanas. Dos hombres discutían en mi calle y me asomé al balcón a ver qué estaba sucediendo. Uno de esos alcohólicos con pinta de vagabundos que nos inspiran pena, aunque luego muchos de ellos sean más malos que la sarna, quería orinar a unos metros de mi portal, en la esquina que forman las vallas de una obra y el contenedor donde los obreros arrojan los escombros. En esa obra tienen a un vigilante de seguridad. Negro. Un tipo alto que me cae bien y que se parece al Teniente Cedric Daniels de la serie The Wire. Me cae bien porque lo veo a diario y parece un buen hombre. El vigilante se acercó y le pidió al fulano que no meara allí, que luego olía la calle muy mal y que, además, había una obra. El borracho se revolvió como si fuera un perro rabioso al que roban un hueso. Le insultó. Le llamó tantas cosas y dando tantas voces que muchas personas salieron a ver qué pasaba. Entre otras lindezas dijo: “Negro de mierda”, “Voy a llamar a la policía, seguro que no tienes los papeles en regla”, “Hijoputa”, “Yo soy del PP, ¿qué pasa? Estáis llenando de negros el país”, “Me cago en tu padre”, “Así se muera tu madre” y otras aberraciones. A una señora que se asomó a la ventana y que también le pidió que no meara en la esquina la bautizó con un “Cállate, puta, roja de mierda”. Amenazó al guardia con darle un ladrillazo (lo cogió de la escombrera y lo arrojó en medio de la calzada). Y al final meó. El vigilante supo que tenía las de perder. Si un negro golpea a un blanco en un país de blancos lo va a tener muy chungo. Durante un rato casi me estallan las venas del cuello. Sentí deseos de ponerme las botas, bajar a la calle y patear al borracho. No lo hice. Y no sé si me arrepiento o no. En cualquier caso, no era mi guerra. Y no era mi guerra porque lo que estaba en juego ahí era la crueldad del ser humano. Algunos seres humanos no tienen remedio. Rectifico: algunos seres no son humanos, aunque lo parezcan.

José Angel Barrueco