sábado, 1 de mayo de 2010

Lo que hay

Falta apenas un mes para la Feria del Libro de Madrid. Una de los mejores recetas (y, por ende, una cura de humildad) para conocer los auténticos gustos de la masa es colocarse dentro de una caseta. Aunque seas el escritor encargado de firmar dos o tres ejemplares a los amigos, los curiosos siempre te confundirán con el librero o con el editor (a menudo el editor mismo es el librero). Y entonces comprobarás que nadie se fija en tu libro, ni en el de tus colegas. En realidad, esos volúmenes son invisibles. Pasan las familias por delante, pasan las parejas jóvenes, pasan las señoras, y sólo se detienen (y los toman entre sus manos y los comentan, pero pocas veces compran) ante los nombres habituales: Dan Brown, y el de Millenium, y algún español convertido en best-seller. También se fijan en los libros cuyas portadas reproducen los carteles de las películas inspiradas en esos textos. Lo demás no lo conocen y a ti se te cae el alma a los pies. Esa es la auténtica realidad de la literatura en España: detrás de la caseta se sabe lo que hay, se toma el pulso a la actualidad, se descubre con una mezcla de indignación y desencanto que a poca gente le importan la poesía, el ensayo o la novela alejada del top ten. Otra buena receta es escuchar lo que dicen los amigos no involucrados en las materias literarias. Mis colegas me comentan a menudo que, en mi blog, recomiendo a autores muy raros, a los que nadie conoce. Y cualquiera que conozca el paño, sabrá que no es así, no son tan raros los que cito: Jack Kerouac, Thomas Bernhard, Céline, Guy Debord, W. G. Sebald, Varlam Shalámov, Ed Bunker, Georges Perec o Hubert Selby. Me parece que son los autores que todo el mundo debería leer si, de verdad, quiere apreciar la buena literatura. Sin embargo, amigo, esto es lo que hay. Culpen al marketing. Y no pierdan de vista a ese lector que, sí, tiene buen olfato, se detiene aquí y allá y mira y hojea y lee los títulos menos famosos y sabe y conoce y te sorprende.

José Angel Barrueco