domingo, 4 de abril de 2010

Las excusas del fumador

Yo no fumo, pero vivo rodeado de personas que fuman. Cuando intentan dejarlo, siempre hay una excusa para recaer. Los pretextos son de toda índole. Son abundantes: uno por cada pitillo de cada paquete. “He tenido un día horrible, necesito fumar”. “Hoy ha sido un gran día, esta felicidad requiere un cigarro”. “Es fiesta: en las fiestas, de bares, se fuma más, es inevitable”. “Es fin de semana”. “En las próximas horas puedo permitirme el abuso del tabaco: es Nochevieja”. “Hoy fumaré uno más, pero mañana lo dejo”. “Sí, ya sé lo que dije ayer, pero hoy fumaré uno más, como excepción, y mañana lo dejo”. “No me censuréis que haya comprado tabaco: lo necesitaba, recibí una mala noticia”. “Por un día no pasa nada”. “Sí, estoy fumando más de lo que debería, pero es lo que se hace en esta clase de reuniones”. Así, el fumador que quiere dejarlo siempre encontrará una excusa para encender un pito: la boda o el funeral, el día pésimo o el día estupendo, el sábado noche o el lunes gris, la reunión o la soledad, el post-polvo o la falta del polvo, la dura mañana de curro en la oficina y la soleada tarde de domingo en el parque, la mala noticia o la buena noticia, el contrato de trabajo o el despido del trabajo… En su rosario de excusas, el fumador, sin embargo, no se da cuenta: el tiempo pasa y sus intenciones, llevadas a la práctica, apenas han variado. Tal vez no se atreva a dar el último paso (la abstinencia total) no tanto por la adicción sino porque, dicen, se vive en un infierno.

José Angel Barrueco