jueves, 4 de marzo de 2010

LUCES DE BOHEMIA, de valle inclán

ESCENA PRIMERA

Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.

MAX: Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET: Ten paciencia, Max.
MAX: Pudo esperar a que me enterrasen.
MADAMA COLLET: Le toca ir delante.
MAX: ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?
MADAMA COLLET: Otra puerta se abrirá.
MAX: La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.
MADAMA COLLET: A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!
MAX: ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?
MADAMA COLLET: ¡Es muy joven!
MAX: También se matan los jóvenes, Collet.
MADAMA COLLET: No por cansancio de la vida. Los jóvenes se matan por romanticismo.
MAX: Entonces, se matan por amar demasiado la vida. Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podíamos hacer el viaje eterno.
MADAMA COLLET: No desesperes. Otra puerta se abrirá.
MAX: ¿En qué redacción me admiten ciego?
MADAMA COLLET: Escribes una novela.
MAX: Y no hallo editor.
MADAMA COLLET: ¡Oh! No te pongas a gatas,
Max. Todos reconocen tu talento.
MAX: ¡Estoy olvidado! Léeme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET: No tomes ese caso por ejemplo.
MAX: Lee.
MADAMA COLLET: Es un infierno de letra.
MAX: Lee despacio. Madama Collet, el gesto abatido y resignado, deletrea en voz baja la carta. Se oye fuera una escoba retozona. Suena la campanilla de la escalera.
MADAMA COLLET: Claudinita, deja quieta la escoba, y mira quién ha llamado.
LA VOZ DE CLAUDINITA: Siempre será Don Latino.
MADAMA COLLET: ¡Válgame Dios!
LA VOZ DE CLAUDINITA: ¿Le doy con la puerta en las narices?
MADAMA COLLET: A tu padre le distrae.
LA VOZ DE CLAUDINITA: Ya se siente el olor del aguardiente!
MÁXIMO ESTRELLA se incorpora con un gesto animoso, esparcida sobre el pecho la hermosa barba con mechones de canas. Su cabeza rizada y ciega, de un gran carácter clásico-arcaico, recuerda los Hermes.
MAX: ¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo veo! ¡Magníficamente! ¡Está
hermosa la Moncloa! ¡El único rincón francés en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet! ¡Hay que volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!
MADAMA COLLET: Estás alucinado, Max.
MAX: ¡Veo, y veo magníficamente!
MADAMA COLLET: ¿Pero qué ves?
MAX: ¡El mundo!
MADAMA COLLET: ¿A mí me ves?
MAX: ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!
MADAMA COLLET: Siéntate. Voy a cerrar la ventana. Procura adormecerte.
MAX: ¡No puedo!
MADAMA COLLET: ¡Pobre cabeza!
MAX: ¡Estoy muerto! Otra vez de noche. Se reclina en el respaldo del sillón. La mujer
cierra la ventana, y la guardilla queda en una penumbra rayada de sol poniente. El ciego se
adormece, y la mujer, sombra triste, se sienta en una silleta, haciendo pliegues a la carta del Buey Apis. Una mano cautelosa empuja la puerta, que se abre con largo chirrido. Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es DON LATINO DE HISPALIS. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una
mozuela: CLAUDINITA.
DON LATINO: ¿Cómo están los ánimos del genio?
CLAUDINITA: Esperando los cuartos de unos libros que se ha llevado un vivales para vender.
DON LATINO: ¿Niña, no conoces otro vocabulario más escogido para referirte al
compañero fraternal de tu padre, de ese hombre grande que me llama hermano? ¡Qué lenguaje, Claudinita!
MADAMA COLLET: ¿Trae usted el dinero, Don Latino?
DON LATINO: Madama Collet, la desconozco, porque siempre ha sido usted una inteligencia razonadora. Max había dispuesto noblemente de
ese dinero.
MADAMA COLLET: ¿Es verdad, Max? ¿Es posible?
DON LATINO: ¡No le saque usted de los brazos de Morfeo!
CLAUDINITA: Papá, ¿tú qué dices?
MAX: ¡Idos todos al diablo!
MADAMA COLLET: ¡Oh, querido, con tus generosidades nos has dejado sin cena!
MAX: Latino, eres un cínico.
CLAUDINITA: Don Latino, si usted no apoquina, le araño.
DON LATINO: Córtate las uñas, Claudinita
CLAUDINITA: Le arranco los ojos.
DON LATINO: ¡Claudinita!
CLAUDINITA: ¡Golfo!
DON LATINO: Max, interpon tu autoridad.
MAX: ¿Qué sacaste por los libros, Latino?
DON LATINO: ¡Tres pesetas, Max! ¡Tres cochinas pesetas! ¡Una indignidad! ¡Un robo!
CLAUDINITA: ¡No haberlos dejado!
DON LATINO: Claudinita, en ese respecto te concedo toda la razón. Me han cogido de pipi.
Pero aún se puede deshacer el trato.
MADAMA COLLET: ¡Oh, sería bien!
DON LATINO: Max, si te presentas ahora conmigo en la tienda de ese granuja y le armas
un escándalo, le sacas hasta dos duros. Tú tienes otro empaque.
MAX: Habría que devolver el dinero recibido.
DON LATINO: Basta con hacer el ademán. Se juega de boquilla, maestro.
MAX: ¿Tú crees?...
DON LATINO: ¡Naturalmente!
MADAMA COLLET: Max, no debes salir.
MAX: El aire me refrescará. Aquí hace un calor de horno.
DON LATINO: Pues en la calle corre fresco.
MADAMA COLLET: ¡Vas a tomarte un disgusto sin conseguir nada, Max!
CLAUDINITA: ¡Papá, no salgas!
MADAMA COLLET: Max, yo buscaré alguna cosa que empeñar.
MAX: No quiero tolerar ese robo. ¿A quién le has llevado los libros, Latino?
DON LATINO: A Zaratustra.
MAX: ¡Claudina, mi palo y mi sombrero!
CLAUDINITA: ¿Se los doy, mamá?
MADAMA COLLET: ¡Dáselos!
DON LATINO: Madama Collet, verá usted qué faena.
CLAUDINITA: ¡Golfo!
DON LATINO: ¡Todo en tu boca es canción, Claudinita!
MÁXIMO ESTRELLA sale apoyado en el hombro de DON LATINO. MADAMA COLLET suspira apocada, y la hija, toda nervios, comienza a quitarse las horquillas del pelo.
CLAUDINITA: ¿Sabes cómo acaba todo esto? ¡En la taberna de Pica Lagartos!


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