domingo, 21 de marzo de 2010

Desaparecer en Facebook

Lo que más me fascina de Facebook es su capacidad para borrar las huellas, si uno quiere. En este sentido, vendría a ser como el crimen perfecto en el ámbito digital. En las bitácoras (pensemos en Blogger o WordPress, por ejemplo), cuando el administrador de su espacio decide prescindir de su blog y eliminar algunas entradas o la web al completo, siempre queda algo en la caché. Podemos buscar sus huellas en Google, que rastrea esa caché y nos muestra lo que, en teoría, ha sido borrado; pero que aún existe en ese limbo. Si un internauta deja su comentario en el post de una bitácora ajena, y luego se arrepiente y lo elimina, quedará una huella: “El autor ha eliminado esta entrada”. Facebook, en cambio, funciona de otro modo. Si quien ha decidido poner comentarios y links en su muro y colgar fotos y dejarse etiquetar por terceros, se arrepiente un día y elimina su cuenta, todo rastro se evapora. Como si esa persona jamás hubiera pisado territorios “facebookianos”. No encontraremos vínculos en las etiquetas, ni las fotos que él mismo puso, ni sus comentarios a otros amigos, ni las conversaciones que sostuvimos con esa persona en su muro. Simplemente, se disipa. Es el crimen (casi) perfecto en relación con los usuarios. Sería perfecto si no fuese porque los administradores de la red social pueden acceder a las bases de datos. En el fondo, las desapariciones de Facebook cuando uno decide borrar su cuenta son una metáfora de la vida y de la muerte: cuando uno fallece, con el tiempo sus huellas se pierden. Pensemos en nuestros bisabuelos. ¿Qué nos queda de ellos, realmente? ¿Alguna foto en sepia? ¿Una anécdota que varía cada vez que alguien la cuenta? Minucias. La única diferencia es que, en Facebook, el borrado de huellas es instantáneo.

Ocultar todasJosé Angel Barrueco