domingo, 3 de enero de 2010

Sentir el miedo

De vez en cuando necesito sentir el miedo que proporcionan algunos libros y películas. Tras el estreno de Seven, que vi en Salamanca en mis años de estudiante, salí acojonado de la sala. Un poco antes de pisar la calle para regresar al piso, entré en los servicios. Había un tipo meando y miré por encima de mi hombro, con prevención, por si fuera un psycokiller: tal fue el grado de paranoia que el director, David Fincher, consiguió inocular en los espectadores. Hace casi tres años vi en el cine su nueva película, Zodiac, una obra maestra. Al terminar, no tuve temores. No vigilé las esquinas ni desconfié de los extraños. Hace unas semanas, en diciembre, sin embargo, volvimos a verla en dvd. En casa. Por la noche. Con las luces apagadas. Eran las tantas y, hacia el final (quizá la parte más paranoica y siniestra), mi chica se quedó dormida. Cuando estás viendo una peli en el sofá y alguien se duerme a tu lado, es como si estuvieras solo. Al terminar de ver por segunda vez Zodiac empecé a escrutar las sombras, a aventurar hipótesis descabelladas pero no imposibles, a desconfiar de cada esquina de la casa, a pensar en robos e intrusiones nocturnas. Me entró la desconfianza que había sentido con Seven, muchos años atrás. Eso sólo lo consiguen los maestros como el propio Fincher o Stanley Kubrick (El resplandor me deparó años de pesadillas, y me estuvo bien empleado: la vi de niño). Necesité encender varias luces, zapear por los canales en busca de algo frívolo y divertido, navegar por la red para olvidarme del filme y de la inquietud en que me dejó la misteriosa historia del asesino del zodíaco. Lo mejor es que recuperé ese sentimiento masoquista: el del miedo. En días sucesivos me dediqué a buscar libros de ensayos y reportajes sobre el tema. Te dan más pánico que las novelas. Compré el Zodiac de Robert Graysmith. He encargado algún ensayo. Si a alguien le interesa el tema de los asesinos en serie, que empiece por los libros del investigador Robert K. Ressler. Luego no resulta fácil apagar la luz, por las noches.

José Angel Barrueco