jueves, 3 de diciembre de 2009

TAL Y COMO OCURRIÓ, de javier das

Llegamos pronto,
mi madre nos avisó

-Vuestro padre ha pasado mala noche,
venid para el hospital,

eso sólo podía significar una cosa.

Deliraba
a causa de los calmantes.
Intentábamos reírnos,
pero los nervios
nos comían.

De repente se incorporó,
se ahogaba,
abrió los ojos
y buscó el aire que se le empezaba
a escapar.

Salí corriendo de la habitación
en busca de ayuda,
no sé si cómo reaccioné
tan rápido.

Y de repente todo había acabado.

Allí sólo estábamos nosotros,
mi madre, mi hermana, yo
y un médico certificando su muerte.

Y un puñetazo a la pared
por no entender
qué estaba pasando.

En el pasillo,
el apoyo
de las miradas
silenciosas
de otras familias
que esperaban tarde o temprano
el mismo desenlace.

Y las llamadas desde el móvil

-Hey, tío, ¿cómo vas?
-Oye, que mi padre acaba de fallecer.

Recuerdo que no podía decir “muerto”,

aún no.

Empezaban unos días duros,
demasiado largos,
extraños,

días que nunca más vas a vivir,

no igual.

Y comer en casa de mis tíos
para por la tarde ir al tanatorio,

y encender la radio,

Y “Tears in Heaven”
como primera canción.

Nadie te explica entonces
que todo va cambiar,

tienes que volver a casa
y recoger sus cosas,

cuando antes lo hagas menos te duele.

Guardar su DNI,
su tarjeta del banco,
su carnet de conducir,
el poco dinero que llevaba en la cartera,
todo,

tienes que guardarlo todo.

Nadie responderá a su número de móvil,
al menos él no.

Pero haces un último esfuerzo,
coges su teléfono,
lo abres,
y pruebas a decir tu nombre
“Javier”

tu padre tenía reconocimiento de voz,

y por una vez la tecnología
se pone de tu parte

y repite tu nombre,
con su voz,
quedó grabado meses
antes,
cuando introducía los números.

Escúchalo bien,

Javier

porque buscarás su voz
el resto de tu vida,

la imagen en las fotos,
lo vivido en los recuerdos,
incluso sus cenizas..

pero su voz no,

la voz no se recupera,

o la tienes grabada
o no la vuelves a escuchar.

Hasta que años después
descubres una cinta,
VHS,
Noche Vieja de 1997
probablemente,

e ingenuo la pones,
crees que aguantarás.

Nadie se puede imaginar
lo que lloré aquel día,
reproduciendo una y otra vez
la misma parte,

atrás,
adelante,
atrás,
adelante

que alguien me explique
cómo rescato su voz,

la echo demasiado de menos,

y hay demasiadas cosas
que querría hablar

con él.


[ este magnífico poema de uno de nuestros autores más laureados está incluido en su poemario Sin frío en las manos, que puedes encontrarlo en No hay camino al paraíso (el libro que incluye también el poemario le aplastaré con mis versos, de josé ángel barrueco). publicado en esta editorial. Es un libro lleno de vida. Con un prólogo de nuestro amigo David González

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