domingo, 20 de diciembre de 2009

Chuck Norris, columnista

Tras varios días alejado de la actualidad, para mantener a salvo la cordura y la salud mental, vuelvo a dar un repaso a las noticias. Y verifico que lo importante en estos tiempos no es el talento, sino la fama. Puede usted ser uno de los tíos más feos del planeta; pero, si es un actor célebre, lo contratarán de modelo de colonia. Luego las chicas alegarán: “Pues tiene su morbo, el hombre”. Suelen decirlo de tipos a los que, en el colegio, no miraban ni las maestras. Es el caso de un gran actor: Adrien Brody. Convertido en modelo desde que ganó el Oscar. Antes de eso sólo era un señor flacucho con nariz de tucán que salía de secundario en el cine. O piensen en otro actor transformado en modelo: Vincent Gallo. Pero si el chaval más macarra de mi barrio es más guapo, hombre. Veo que una de las noticias más leídas es lo del careto de Belén Esteban. Se ha hecho la cirugía estética. Encuentro fotos. Antes parecía una boxeadora adicta a la cocaína; ahora parece una pornstar adicta a la cocaína. Ustedes juzgarán si vale la pena. Leo que ha revolucionado los kioscos y la prensa del corazón y ha copado los titulares. Ergo: no hace falta tener talento para vender, eso no cuenta. Lo que cuenta, hoy día, es que el público reconozca tu cara. Que el nombre venda. Casi todas las películas de dibujos animados ya no las doblan, en España, los actores de doblaje, sino los famosos de la tele, de la música y del faranduleo. Descubro, atónito, que Chuck Norris es columnista (o analista político, que a veces es lo mismo) del “World Net Daily”. No sabíamos que era capaz de escribir. Lo imagino buscando el botón de “Destruir” en el teclado, pulsando con furia el “Supr”, usando el monitor de sparring. En un mundo en el que Chuck Norris escribe artículos, soy capaz de creer que Aznar podría ser la nueva estrella del cine de acción, que Paquirrín podría ser modelo de Calvin Klein y que Hermann Tertsch podría participar en El Club de la Comedia.


José Angel Barrueco