lunes, 2 de noviembre de 2009

quince, de Elia Maqueda

Claro que cambiaremos el mundo
no es tan difícil
¿no ves que ya cambia él solo cada quince minutos?
¿no ves que hay kamikazes encargados de hacerlo saltar por los aires?
(y llamadas de teléfono que suenen a accidente en la A-5
y mamá impasible y blanca, como una luna
y ella suavemente en paz con sus cicatrices)
con los cambios every fifteen minutes
no hay quien pueda
vamos a espaciarlos.

Que el mundo gira cada dos semanas
eso ya lo sé yo, porque acabo de cambiarlo
y es que no oyes lo que suena en este eco del eco de mi canto
cuando canto porque me obligas, porque te encanta
y me doy la vuelta los lunes a las ocho menos cuarto y no estás tú
y me deshago en una palabra que es más grande que yo
y que en inglés tiene dos erres tan grandes
como tus manos y tus pies
y tu garganta.

Claro, por supuesto que cambiaremos el mundo
si ya cambia él solo cómo no se va a dejar cambiar por nosotros
con lo guapos que nos ponemos los fines de semana
todo para acabar sangrando por donde no debemos
doliéndonos la madrugada por detrás de las costillas.

Por qué no íbamos a cambiarlo
con las ganas que tenemos, con lo fácil que puede ser
con lo cortos que son los insultos en este idioma nuestro
tan violento y tan dulce de leche, me escuecen los metacarpos
todo son fracciones de quince minutos, noticias terroríficas,
y contigo
no hay quien pueda
te quiero tanto que me duelen las oclusivas
me estorba tanto este teléfono tan pequeño
ondas hertzianas en la base de la garganta,
tecnicolor, sms, a veces no tengo cobertura,
no es tan fácil

vivir con las caras muertas en la memoria
no es tan fácil
y echarte de menos
es un trabajo duro que me deja sin sangre
colorete en polvo sobre la aorta, brocha de pintor,
necesito dos brazos que no sean los míos
para soportar los días en que
no hay quien pueda
conmigo misma