miércoles, 9 de septiembre de 2009

Música Silenciosa, de Álex Portero

[...] Ese era su canto. No poseían nada más que a ellos mismos, sustituían la seguridad de la fe por la libertad del que no tiene nada que perder, del que no se juega nada. La eternidad es una gran recompensa si eres capaz de soportarla, pero puede volverse en tu contra si has de dedicarla a permanecer bajo la sombra de una luz infinita [...]

texto extraído del libro Música Silenciosa, de Álex Portero Ortigosa